La comunidad de personas sordas se topa estos días con la barrera del lenguaje en locales públicos

Imagínese vivir en una sociedad que habitualmente lo hace a las prisas. Y ahora, hágalo en tiempos de cuarentena dentro del cuerpo de una persona, a menudo, invisible. «Los sordos somos los grandes olvidados. Y una de las cosas que me preocupa son las noticias falsas, ya que algunas personas de nuestro colectivo, al tener menos nivel educativo, se creen todo lo que leen y es peligroso», dice Martín Luis, de 29 años. La lectura de labios, ya indispensable para ellos a la hora de encontrar soluciones diarias, se ha encontrado un obstáculo que, a su vez, es la vía de prevención de muchos contra el coronavirus: las mascarillas.

La Asociación de Personas Sordas de Ourense (Apsou) estima que en la provincia hay cerca de 4.000 vecinos en esta situación. De todos ellos, 700 viven en la capital y 140 son usuarios de la organización. En los últimos días, con el trasiego de las compras en los supermercados, se toparon con una laguna del Boletín Oficial del Estado. A primera hora, en los establecimientos se da prioridad a los mayores de 65 años y también a discapacitados. «Pero como nuestra discapacidad no es visible, al no llevar bastón o ayuda técnica, nos está costando mucho trabajo explicar que pertenecemos a este colectivo», indica María Isabel Fernández, presidenta en funciones de Apsou. Al dirigirse a la Administración pública, los afectados pueden ir acompañados de un intérprete de lengua de signos que asume un código ético de profesionalidad. Pero las dudas afloran ahora al pensar cómo atender a una persona sorda que esté contagiada. «Tanto la Federación de Asociacións de Persoas Xordas de Galicia como Apsou cuentan con intérpretes para las urgencias médicas durante el tiempo que dure la crisis por el coronavirus, pero hay que pensar que una persona sorda infectada, sin poder comunicarse, sin explicar lo que realmente le pasa o sin entender lo que le están diciendo da verdadero miedo», agrega Fernández.

El temor al contagio

Cuando el país no estaba en estado de alarma, iban capeando la situación. «Algunos con lectura labial o gestos, otros escribiendo las cosas...», dice Martín. Pero la sensación es que, en la vorágine de temor y apuro de la gente, ellos se han ido quedando fuera de juego. En los supermercados y estancos, por ejemplo, la normativa obliga a los empleados a cubrirse nariz y boca con las mascarillas para evitar el contagio. Impera la lógica, pero hasta la lógica llega a tener los pies de barro en algunas cuestiones. «En la calle y en los establecimientos, al ir todo el mundo con mascarilla, para nosotros puede llegar a ser una gran limitación. Si las personas guardamos la distancia de seguridad correspondiente, ante una pregunta nuestra podrían bajarse la mascarilla y preguntarnos lo que necesitamos, pero se niegan», lamenta Luis. Fernández aboga, por ejemplo, por el uso de «mascarillas transparentes».

Pero la cesta de la compra no es el único hándicap. También los hay en la atención sanitaria. Desde Apsou muestran comprensión porque entienden que la situación es excepcional y que casi nadie estaba preparado para una situación como esta. «Si una persona sorda estuviese ingresada por el coronavirus no podría contar con un intérprete en la habitación. Sin poder comunicarse, eso afectaría a su relación de información diaria con el médico y, además, psicológicamente al paciente», intuye Martín Luis. «Los intérpretes de la Federación y nuestra asociación quedaron a disposición para las urgencias médicas, así que también debemos agradecerles su trabajo», dice María Isabel.

La preocupación por el rural

El grueso de las personas sordas que vive en la provincia lo hace en zonas más apartadas de los núcleos urbanos. «Nos preocupan las personas sordas más mayores que viven en el rural, por lo solas que se puedan encontrar ahora mismo y por cómo y de qué manera les estará llegando la información debida», reflexiona Martín.
Porque para los sordos, como en una extensión inesperada de su día a día, el reto de ahora no es solo esquivar el virus confinados en sus casas, sino evitar quedarse aislados de los demás mientras el mundo sigue girando.

Fuente: La Voz de Galicia
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